Ley del buen samaritano
Primeros Auxilios y RCP Argentina
El Buen Samaritano: compasión y protección
Tomada de la Biblia (Lucas 10:25-37), la parábola del Buen Samaritano narra cómo un viajero dado por muerto es socorrido por un desconocido que lo cura y vela por él. Más allá de su contexto religioso, transmite un mensaje universal: la obligación moral de socorrer al prójimo en peligro, con compasión y altruismo.
Inspiradas en este principio, numerosas leyes del Buen Samaritano se han promulgado en todo el mundo para proteger frente a demandas a quienes prestan asistencia de buena fe en una emergencia. Sin embargo, el alcance exacto de esa protección varía de una jurisdicción a otra: a continuación encontrará lo que dispone la ley aplicable a su región.
Su proteccion bajo la ley
En Argentina, socorrer es un deber claramente definido por el Código Penal. El artículo 108 (Ley 11.179, T.O. 1984), en el capítulo «Abandono de personas», alcanza a toda persona que encuentre perdido o desamparado a un menor de diez años, o a una persona herida, inválida o amenazada de un peligro cualquiera: el deber se cumple prestando el auxilio necesario cuando pudiere hacerlo sin riesgo, o dando aviso inmediato a la autoridad. La ley nunca pide ponerse en peligro a sí mismo; sólo pide no quedarse indiferente.
Obligacion de rescate
En Argentina, la ley espera que usted actúe, y no hacerlo sin motivo expone a una multa (de 750 a 12 500 pesos, sin prisión). Pero Argentina va más lejos que la mayoría de los países de la región: la Ley Nacional 27.159 (2015), dentro de su sistema de prevención de la muerte súbita, dispone que «ninguna persona interviniente que haya obrado de acuerdo con las disposiciones de la presente ley está sujeta a responsabilidad civil, penal, ni administrativa». Es un verdadero escudo tipo buen samaritano, que cubre en particular el uso del desfibrilador externo automático (DEA): la ley protege activamente a quien intenta salvar una vida.
Por que la capacitacion es importante
En un paro cardíaco, las probabilidades de supervivencia caen alrededor de un 10 % por cada minuto sin reanimación. En Argentina, la ley ya le quitó al reanimador el miedo a la demanda; sólo falta darle el saber hacer. Formarse en RCP y en el uso del DEA es convertirse en ese primer eslabón de la cadena de supervivencia que la víctima espera, muchas veces sin saberlo. En el país que hizo de la protección del reanimador una ley, aprender a socorrer es responder plenamente a esa confianza —y, algún día, a un corazón que se detiene.